Son actitudes y comportamientos que realiza una persona sobre otra, sin su consentimiento o conocimiento y para su propia satisfacción sexual.
Va desde la amenaza al engaño, la seducción y/o confusión. Podemos hablar de abuso siempre que el otro no quiera o sea engañado, (incluso dentro de la pareja). Es un acto que pretende dominar, poseer, cosificar a la persona a través de la sexualidad. Unas veces el agresor actúa desde la violencia explícita hacia la víctima, que se siente impotente, desprotegida, humillada. Otras veces, se vale de la confianza en él depositados para desde la cercanía de una relación afectiva, romper los límites de la intimidad e introducir elementos eróticos, (sobre todo en niñ@s y preadolescentes). Establece una relación confusa, irrumpiendo no sólo en su sexualidad, sino en el conjunto de su mundo afectivo y vivencial. En estos casos, el abuso no es sólo sexual sino que también se da un abuso de confianza.
Los efectos de la agresión son múltiples, y se expresan en las áreas más importantes de la persona. Es vivido como un suceso traumático, es decir, como algo que impresiona tanto que no se puede elaborar, y por ello se intenta olvidar. Pero todo suceso traumático, “olvidado”, tiende a expresarse y a salir a la luz, bien desde un impulso a la repetición, ( incluso viéndose inmersa sin saber cómo en situaciones en las que nuevamente es violentada); o siendo ella misma, quien de manera activa, violenta o abusa de otros. Al mismo tiempo, también aparece una necesidad de evitar, de defenderse de la sexualidad consigo mismo, y de las relaciones sexuales en general. Es una sexualidad herida, muy mal integrada, y vivida como una amenaza, como algo que no se puede controlar, y que lógicamente afecta en las relaciones y compromisos con el otro, con la pareja.
¿QUIÉN ES EL ABUSADOR?
Mayoritariamente esa persona que valiéndose de su cercanía, confianza, autoridad moral… induce, normalmente con engaño, a realizar o dejarse realizar actividades dirigidas a su propia satisfacción sexual. Utiliza la confusión, la seducción, el engaño. Otras veces, se vale de su poder y fuerza sobre la víctima para dominarla y agredirla.Puede ser:
- El padre, padrastro, hermano…. Que deja a la víctima sin figura de referencia, protección, identificación… impotente; el enemigo está en casa. ¿Qué hacer y dónde ir?
- Ese tío para quien se sentía tan especial, distinguida entre el resto de sobrinos… y que se valió de su necesidad de cariño y baja autoestima.
- Ese consejero espiritual, sacerdote, psicólogo, jefe de secta, que valiéndose de su autoridad moral le aconseja “porque es bueno para su crecimiento o madurez personal”… con lo que la propia identidad personal y la escala de valores queda muy rota.
- Son esos cuidadores de internados que dejan al niño indefenso, con un silencio pactado.
- Son esos niños que obligan y amenazan a otro niñ@ produciéndole pánico, indefensión, confusión.
- Es el jefe laboral sobre sus subordinados.
- Los jefes de bandas de adolescentes
- Los que aplican castigos ejemplarizantes por cuestiones de raza, condición social, orientación sexual…
- Los médicos, fisioterapeutas, que van más allá de lo necesario.
¿QUIÉN ES LA VICTIMA?
Según los estudios realizados predominan las niñas en edades críticas: a) en la etapa prepuberal, coincidiendo con la aparición de los signos de desarrollo sexual (10-12 años); b) cuando son pequeñas, con poca capacidad para expresarse (5-6 años). Se estima que una de cada cuatro niñas y uno de cada ocho niños han sufrido abusos. Aunque habría que ampliar la población a adolescentes (iniciación en bandas, profesores…), a jóvenes (seducidas…), a adultos que engañados bajo la apariencia de ayuda por consejeros-psicoterapeutas-jefes de sectas…; también en los adultos violentados por su pareja o su jefe; los castigados por su orientación sexual.Casi siempre son engañad@s, y frecuentemente se sienten “elegidos” por el abusador, quien se muestra como esa persona tan importante… Cuando son conscientes del abuso, y sobre todo, si han sentido algún placer, se sienten muy culpables.
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